Exhorto ante todo, a que se hagan
rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres;
por los reyes y por todos los que están
en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y
honestidad.
Porque esto es bueno y agradable delante
de Dios nuestro Salvador,
el cual quiere que todos los hombres
sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.
Porque hay un solo Dios, y un solo
mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por
todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.
Para esto yo fui constituido predicador
y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento), y maestro de los gentiles en fe y
verdad.
Quiero, pues, que los hombres oren en
todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.
Asimismo que las mujeres se atavíen de
ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni
perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres
que profesan piedad.
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